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Terra
La Coctelera

Eso es todo

Creo que necesito ir al médico. Hoy he vuelto a fumar como carretonera. Nada me deja tranquila. Todo parece haberse esfumado. Miro por la ventana, el cielo se hace gris a esta hora. Los aullidos de los perros se pierden en la tarde. El frío no me importa, menos el calor de un sol oculto. Escucho a mi hija lavar los platos del almuerzo y luego subir las escaleras. Todo se llena de silencio otra vez. El teléfono llena de mudez la casa. Pienso en la playa solitaria y ajena. Me preguntan qué escribes y oculto estas líneas. Vuelvo a encender un cigarro y no siento que es un placer culpable. Una algarabía de chicos pasa como un torbellino para luego perderse en la distancia. El camión de la basura engulle bolsas mustias en su quijada de fierro. Alguien cierra las cortinas y tomo el sorbo de un café que se ha enfriado. La extensión de las horas es infinita. Recuerdo otro tiempo parecido a este y tiemblo. Alguien toca la puerta y no abro. El mundo se me hace ancho y ajeno. Siento que soy solo una brizna lanzada a este orden de cosas. Del segundo piso baja la melodía de Morrisey “the more you ignore me” y me muerde alguna parte del pecho. La vida es tan simple, pero tan difícil. Los cigarros se consumen de manera estúpida. Nada impide esta molestia de estar viva. La vida es dura, pero bella, me repito y de ayer a hoy ya no me lo creo. Estoy casi a oscuras. No quiero decir cosas manidas, no quiero. Envidio la suerte de los locos. Envidio. Hago clic en guardar, pero este desvarío es solo forma, el dolor no logro despegarlo de mi piel.

Fi

Hay algo de irracional en mí

Que viaja por toda la extensión

De mis arterias

No busca un sitio

Ni quiere detenerse

Pero se hace evidencia

En la imperfección

En el desequilibrio galopante

De una espera

Cuyo motivo he olvidado.


Escrito en el reverso de una receta médica


He llegado antes.
Miro desde el segundo piso
la entrada iluminada.
Divago y mi estómago
se aprieta.
Casi es la hora y
bajo la receta médica
el libro cerrado con las frutas y el eros.
No hay torta de yogurt- dice el mesero.
No hay.

Después del café y puntual
llega aquel único remedio.

Ruta 160

Era la hora del regreso. Abordé un bus pequeño y antiguo, si calculo el año de ese vejestorio, imagino quese remontaría a la década del 70. Pero es lo que hay, diría un hijo de vecino cualquiera invadido por la pasmosa claridad que tienen los alejados del mundo.
Al rato de avanzar por la ruta me di cuenta de la entretenida conversación que llevaba el chofer y el cobrador. Desde el lugar de donde estaba no podía oír lo que charlaban, pero sí ver las maromas y señales que hacía el cobrador a quien iba conduciendo, de tal forma que este último abandonaba la vista de la carretera para poner atención a toda la faramalla que se propalaba con tanta prodigalidad. Debo decir que comencé a preocuparme por la pasión desatada en la conversación. En el cobrador de boletos no había atisbos de querer abandonar la charla y la intensidad , por el contrario, se exacerbaba aun más. Miré a los demás pasajeros para encontrar alguna actitud de reprobación ante la escena, pero los demás estaban en lo suyo: la señora gorda cuidaba los pétalos de los crisantemos y más atrás un obrero forestal dormía con la boca abierta. No miré más. Quise despreocuparme del tema, traté de disfrutar de los notros florecidos que me gusta tanto mirar, pero una frenada abrupta me trajo de nuevo al interior de la cafetera. Un camión repleto de troncos se había volcado unos metros más adelante dejando toda su mercadería a la orilla del camino. El chofer y el auxiliar cesaron un momento la conversación para mirar la escena donde yacían los difuntos árboles entrecruzados. El paso por el lugar fue lento, nadie comentó nada y así, logramos pasar como si hubiera sido por delante de un telón cinematográfico.
Reanudada la marcha, los hombres volvieron a la conversación como si hubieran quedado pendientes los mejores detalles. El cobrador cotinuó entusiasmado y volvió a la gesticlación exagerada que parecía inevitable aderezo para el tema. El chofer se volvía a mirarlo continuamente y en su cara se veía el interés por no perderse detalle. A estas alturas yo solo quería que se bajara cualquiera para interrumpir aquella complicidad que mantenía a los pasajeros en riesgo de un accidente.
Nadie se bajó.
Pasaron los minutos y nada cambió. Los hombres no tenían más mundo que la histeria de su conversación. Yo dije unos cuantos garabatos en voz baja, pero nada más. Ya me veía impactada como una mosca en la parte trasera de algún camión forestal o patas para arriba en aquella carcacha que en vez de avanzar por la calzada, parecía que hervía.Quise olvidarme de todo, pero no pude. Escuché un estallido de risa que hizo a todos concentrar la mirada hacia adelante. En efecto, el chofer estaba siendo atacado por un acceso de risa que no podía controlar, tanto que su cuerpo se doblaba por encima del manubrio haciéndolo desaparecer en un estómago con abundancia de tejido adiposo, así movía la cabeza por momentos, mientras permanecía agachado, en señal de lo divertido que era. El auxiliar prorrumpía en carcajadas entrecortadas mientras el rostro se le ponía amoratado y trataba de hilar algunas palabras.
Por fin nos detuvimos en un cruce.
Pasados unos segundos, y al momento en que la florista quiso bajarse, el auxiliar, después de secarse las lágrimas con el puño de la camisa, hizo una pregunta para todos:_¿dónde se van a bajar?_ casi al unísono respondieron que se bajaban en el Cementerio. Yo no dije nada, después de eso, cualquier paradero me daría lo mismo, pero como una medida cautelar, me bajé antes.
Nunca supe si llegarían a destino. No volví a mirar hacia atrás.

Gustavo

Brizna y viento


Destinada a desaparecer

Todas las veces

Que sean necesarias

Yque llevan a esa única vez

Permanezco

Como una brizna lanzada

A este orden de cosas.

Mi condena no es la misma

Que tienes tú

Ni tengo días de visita

Ni recurso de amparo.

Lo válido en esta huida

Está por verse

Una vez que me mires a la cara

En alguna parte.

Endilgar...apadrino esta palabra

En la zona donde vivo (provincia de Arauco,Chile) esta palabrita significa guiar, dirigir. Es usada, casi siempre por los campesinos mayores. Cuando reciben visitas y a la hora de la despedida, siempre se ofrecen para ir a "endilgarlos", mostrarles el camino.

Brujas y Lobos



Las brujas, aquellos seres que abundan en los cuentos de la infancia, aparecían enmis sueños vestidas de negro,con una verruga en la nariz y una escuálida escoba que siempre me pareció el más débil medio de transporte.
Pero a medida que pasa el tiempo, aparecen brujas más modernas, las brujas chicas, las viejas brujas, las brujitas, etc. También aparecen los brujos, pero son más escasos por cuanto el campo ocupacional es bastante sexista. En su defecto, aparecen los lobos comorepresentación de la masculinidad. Estos consumen como dulces manjares las carnitas tiernas de niños, cabritillos o cerditos. Siempre acechan a la vuelta del camino del bosque y son los que se disfrazan de corderos para darse los festines más audaces.
Son estos mismos lobos los que recorren las calles de pueblos y ciudades, sólo que ahora visten de jeans, trajes de paño fino entre otras alternativas de disfraces. Lobitos con más años, lobitos con pocos años, lobitos instruidos y también lobitos muy instintivos...
Los lobos y las brujas. He aquí el asunto. Pero qué ocurre si estos dos personajes comparten una misma historia?
Si un lobo seduce a una bruja, ésta sabe que él tiene puesto su disfraz de cordero, por lo tanto se va con cuidado y piensa en cómo poder trasquilarlo. En cambio el lobo, muy astuto, omite la verruga en la nariz de la bruja y piensa: "todas son iguales. Me haré el tonto y la haré chuletas en un dos por tres". Es así entonces que mientras dura ese momento de encantamiento entre los dos personajes, se derraman flores por el aire y el mundo gira, gira como si fuera el más grande corazón.
Por otro lado, si la bruja seduce al lobo, también escondedetrás del maquillaje, sus intenciones y la verruga desproporcionada. Se va con pie de plomo, sabe que este animal es puro instinto, pero que lo disimula muy bien, parapetándose detrás de un aire de intelectualidad. Entonces el lobo conversa, en sus caminatas por la selva de cemento, de política, de proyectos futuros, hasta de poesía. Trata con dulzura a la brujita y esconde bien sus colmillos. Ella mansamente le hace creer que él domina la situación. El lobo se la cree. La brujita en tanto, teje. El lobito se apasiona, la brujita sigue tejiendo. El lobito quiere mostrarse como es, pero lleva puesto el disfraz de oveja y se acalora... la bruja teje con el pensamiento...
Finalmente, cuando ya no hay nada más que decir, la brujis mira con profundos ojos brujos a su lobo y decide no tejer más redes... el lobo queda libre... y una vez más se creyó el cuento.

Y colorín colorado, este cuento muchas veces ha comenzado.