A veces ocurre que las personas  llegan a nosotros como si nos hubiéramos conocido desde siempre,  otras veces  pasamos sin mirarnos siquiera.  Con Delia Rengifo  coincidimos en Perú en el Congreso Internacional  de Poesía Leoncio Bueno, 2008 hace un par de años y compartimos  de manera muy cercana, su carácter amable y querible me hacía sentir muy cómoda, era  una persona  de un trato  cordial y de una generosidad que me sorprendió.  Recuerdo que dentro de las actividades programadas  por los organizadores del Encuentro estaba  la visita a diferentes colegios del Callao,  junto a ella, don  Ernesto Kahan y otros loables  poetas compartimos nuestra poesía y nuestro mensaje de paz frente  niños, profesores y apoderados del lugar. En otros momentos, Delia y yo recorríamos las calles del Calllao sorprendiéndonos con sus  particularidades de ciudad puerto, al tiempo que hurgábamos  eligiendo  souveniers para llevarnos de regreso.  Posterior al viaje, me envió algunas fotos en las que aparecíamos compartiendo y  recibiendo el afecto y respeto del pueblo peruano.

Hoy recibí un correo de mi estimado amigo poeta, Félix Hugo Noblecilla con un homenaje para ella y recién me entero de su triste partida. Debo confesar que la noticia me estremeció en lo profundo, las imágenes con su familiar y cálida figura se vinieron rápidas  y  una tristeza de siglos se me arrinconó en el pecho para luego dejarle espacio a la alegría de buscarla en la distancia y encontrarla en las palabras.  Busqué un libro de poemas RETRATOS que me había regalado y como su fuera un tesoro lo encontré dentro de todos aquellos que resguardo y que son   los testimonios  de mis amigos poetas con los que me he ido cruzando a lo largo de la vida.

Estuve durante la tarde leyendo el libro, fui encontrándome  en cada verso con esta mujer que había partido, frente a mí se alzaba ella dentro de esos retratos que  conformaban su vida.  De a poco fui quedando dentro de un ambiente de estancias donde la atmósfera familiar se hacía evidencia en la querencia y añoranza de lo perdido. El libro fue un paseo variado por sus afectos, sus dolores y alegrías, por Venezuela, la patria querida que destaca precisamente en el poema llamado  LA PATRIA, donde dibuja de manera magnífica y clara el amor por su país y su historia. Venezuela está presente allí con la belleza exuberante de todos sus detalles y formas, Delia nos describe perfectamente allí su hogar, como lo llamaría Constantino Kavafis, su Ítaca amada.

Delia está con nosotros, con los que tuvimos el gusto de conocerla y admirarla. Escribo esto desde la alegría que es, seguramente, desde donde ella quiere que la recuerde.

Zulema Retamal