Desde hace unos meses estás sumergida en una especie de estupidez continua. Tratas de salir de ese estado , pero hay una fuerza oscura que no te suelta. Claro, debes confesar que ahora puedes racionalizar un poco mejor, aunque eso no significa que puedas tomar las mejores decisiones. El asunto es difícil, pero no eres la única que ha padecido esta especie de noche oscura en que se transforma la vida. El nombre de esta enfermedad no la sabes. Si vas al psiquiatra seguro que le apunta con uno de esos nombres difíciles. Pero debes confesar que esto te ha mantenido muy alerta, pero no menos tonta. Has leído a más no poder ensayos, artículos y tratados sobre el amor, porque creo que por ahí va ese padecimiento.

Zygmunt Bauman dijo que cuando las personas se enamoran, una parte del cerebro se deteriora y esa es la razón del comportamiento errático que se manifiesta de manera explícita. También hace la relación entre Eros y Tanatos, cuestión que te parece en extremo coherente: solo el amor y la muerte son acontecimientos que llegan sin aviso, aunque uno se puede enamorar varias veces, pero finalmente no eliges, sólo llega y te atrapa. Pero de dónde viene el dolor que es lo que te preocupa, porque las manifestaciones de estupidez las cometemos por un desequilibrio que no viene de la felicidad precisamente. Alguno podrá estar en desacuerdo, pero no te imaginas a una persona feliz haciendo estupideces ni desesperado por las noches ni lleno de celos durante el día porque no sabe qué hace el depositario de tal “sentimiento” cuando desaparece de la vista. Tal vez cabría el nombre de maldición, castigo o pena eterna en los infiernos.

Dices que esto te tiene un poco rayando en la locura. No puedes controlarlo. A estas alturas de tu vida, no concibes un descontrol tan aberrante, un descontrol que te tiene, ante la evidencia flagrante, incapacitada de tomar decisiones drásticas. Te desconoces. Ya no puedes pensar con lucidez y pierdes el tiempo de una manera soberana. Te has alejado de tus amigos y de tus preocupaciones habituales. Hasta has tratado de hacerte un lavado de cerebro día a día, pero no te ha resultado, menos aun te ha resultado la acupuntura que elimina casi todas las obsesiones. Así, podrías estar enumerando todas las estrategias implementadas, pero no vale la pena, ninguna resulta. Tal vez la solución sea la más sencilla y esté al alcance de tu mano, pero todavía no sabes cuál es. Tal vez pudieras hacer un llamado público para pedir soluciones posibles de cómo olvidar, pero así y todo, te imaginas respuestas manidas o graciosas que no apunten al objetivo.

Alguien te dijo que a esa edad que tienes es fácil olvidar. Pensaste ¡Horror de horrores¡ como si estuviéramos programados para pasar de un estado a otro con solo borrar archivos y apretar una tecla. Te niegas a pensar en esa automatización, aunque no debes restarle importancia. Todo se ha vuelto desechable y reemplazable. Si no estás aquí, me busco otro. Qué vida miserable. Yo no quieres esa vida y ese nivel de relación, pero todo empuja hacia allí y eso te hace pensar que al final nadie es feliz verdaderamente que casi todos tenemos unas miserables vidas afectivas con episodios donde el sol aparece por breves instantes, nada más que breves instantes. Entonces recuerdas los versos adolescentes de Neruda: es tan corto el amor y es tan largo el olvido… y te quedas sintiendo que el presente, conjugación de todos los tiempos, es la enorme eternidad.