He llegado antes.
Miro desde el segundo piso
la entrada iluminada.
Divago y mi estómago
se aprieta.
Casi es la hora y
bajo la receta médica
el libro cerrado con las frutas y el eros.
No hay torta de yogurt- dice el mesero.
No hay.

Después del café y puntual
llega aquel único remedio.