Estado de Cosas

Ayer murió un vecino de la infancia. Lo recuerdo avanzar con nitidez por el camino que daba a casa. Yo, instalada en el recuadro de la ventana, encaramada en un mesón lustroso, lucía mi pelo revuelto por el ocio de las mañanas. Cuatro años a la sazón cuando el viejo fijó sus ojos en mi silueta diminuta y musitó con voz de siglos...!Bruja¡
El hijo pequeño que lo acompañaba era el más bello de los niños.
