Hace unos doce millones de años, Lucy salió a caminar porque el espacio en el que se movía le comenzó a parecer pequeño. Lo pensó siempre que se instalaba en el follaje de su baobabs preferido. Miraba el horizonte y quería verlo todo, fue entonces que se le ocurrió la idea de erguirse ymientras lo hacía, frente a sus ojos fue apareciendo el mundoenvuelto en los colores que ella no conocía. Corrió sin mirar hacia atrás, no sin antes invitar a las que eran sus amigas y a las que no lo eran. Viajó durante toda su vida. El hogar siempre estuvo en su mente y regresaba a él cada vez que podía, pero luego el mundo volvía a llamarla y se iba con la confianza depositada en su fiel pareja que en laslabores de casa era un experto.
Pero ese estado de realización nadie sabe cuándo, ni cómo ni por qué tuvo un giro radical. En este punto solo se escribirían en adelante, afiebradas teorías que se perdieron en los anales del tiempo y otras más creativas e inverosímiles que daban la razón al macho erguido. Así fue que las descendientes de Lucy repartidas por el mundo de manera generosa y variopinta se encargarían de recuperar el tiempo perdido dándose a la ardua tarea de estudiar evidencia proveniente de aquí, de allá y de acullá. Solo fue después de muchas noches sin pegar pestañada, y gracias al estroncio y al esmalte de los dientes del homínido más cercano que llegaron a una conclusión certera que dejaba a la mitad del planeta pensando en qué otros misterios develaría su dentadura. Eran ellas, las australopitecas las viajeras, las que se desplazaban lejos de sus territorios, mientras que los australopitecos ellos, se quedaban luengas tardes cerca de casa, preocupados de la crianza de loshijos y los quehaceres domésticos entre los cuales estaba el incipiente ejercicio del tejido con esparto.
Debo confesar que esta revelación capturó mis sentidos por más de un momento. La ciencia lo había dicho después de una acuciosa investigación. Ellas habían dado un veredicto que apareció publicado en los medios y que no abarcó más espacio que el cuarto de una página. ¿Qué quedaba ahora para la contraparte?
A veces ocurre que las personas llegan a nosotros como si nos hubiéramos conocido desde siempre, otras veces pasamos sin mirarnos siquiera. Con Delia Rengifo coincidimos en Perú en el Congreso Internacional de Poesía Leoncio Bueno, 2008 hace un par de años y compartimos de manera muy cercana, su carácter amable y querible me hacía sentir muy cómoda, era una persona de un trato cordial y de una generosidad que me sorprendió. Recuerdo que dentro de las actividades programadas por los organizadores del Encuentro estaba la visita a diferentes colegios del Callao, junto a ella, don Ernesto Kahan y otros loables poetas compartimos nuestra poesía y nuestro mensaje de paz frente niños, profesores y apoderados del lugar. En otros momentos, Delia y yo recorríamos las calles del Calllao sorprendiéndonos con sus particularidades de ciudad puerto, al tiempo que hurgábamos eligiendo souveniers para llevarnos de regreso. Posterior al viaje, me envió algunas fotos en las que aparecíamos compartiendo y recibiendo el afecto y respeto del pueblo peruano.
Hoy recibí un correo de mi estimado amigo poeta, Félix Hugo Noblecilla con un homenaje para ella y recién me entero de su triste partida. Debo confesar que la noticia me estremeció en lo profundo, las imágenes con su familiar y cálida figura se vinieron rápidas y una tristeza de siglos se me arrinconó en el pecho para luego dejarle espacio a la alegría de buscarla en la distancia y encontrarla en las palabras. Busqué un libro de poemas RETRATOS que me había regalado y como su fuera un tesoro lo encontré dentro de todos aquellos que resguardo y que son los testimonios de mis amigos poetas con los que me he ido cruzando a lo largo de la vida.
Estuve durante la tarde leyendo el libro, fui encontrándome en cada verso con esta mujer que había partido, frente a mí se alzaba ella dentro de esos retratos que conformaban su vida. De a poco fui quedando dentro de un ambiente de estancias donde la atmósfera familiar se hacía evidencia en la querencia y añoranza de lo perdido. El libro fue un paseo variado por sus afectos, sus dolores y alegrías, por Venezuela, la patria querida que destaca precisamente en el poema llamado LA PATRIA, donde dibuja de manera magnífica y clara el amor por su país y su historia. Venezuela está presente allí con la belleza exuberante de todos sus detalles y formas, Delia nos describe perfectamente allí su hogar, como lo llamaría Constantino Kavafis, su Ítaca amada.
Delia está con nosotros, con los que tuvimos el gusto de conocerla y admirarla. Escribo esto desde la alegría que es, seguramente, desde donde ella quiere que la recuerde.
Desde hace unos meses estás sumergida en una especie de estupidez continua. Tratas de salir de ese estado , pero hay una fuerza oscura que no te suelta. Claro, debes confesar que ahora puedes racionalizar un poco mejor, aunque eso no significa que puedas tomar las mejores decisiones. El asunto es difícil, pero no eres la única que ha padecido esta especie de noche oscura en que se transforma la vida. El nombre de esta enfermedad no la sabes. Si vas al psiquiatra seguro que le apunta con uno de esos nombres difíciles. Pero debes confesar que esto te ha mantenido muy alerta, pero no menos tonta. Has leído a más no poder ensayos, artículos y tratados sobre el amor, porque creo que por ahí va ese padecimiento.
Zygmunt Bauman dijo que cuando las personas se enamoran, una parte del cerebro sedeteriora y esa es la razón del comportamiento errático que se manifiesta de manera explícita. También hace la relaciónentre Eros y Tanatos, cuestión que te parece en extremo coherente: solo el amor y la muerte son acontecimientos que llegan sin aviso, aunque uno se puede enamorar varias veces, pero finalmente no eliges, sólo llega y te atrapa. Pero de dónde viene el dolor que es lo que te preocupa, porque las manifestaciones de estupidez las cometemos por un desequilibrio que no viene de la felicidad precisamente. Alguno podrá estar en desacuerdo, pero no te imaginas a una persona feliz haciendo estupideces nidesesperado por las noches ni lleno de celos durante el día porque no sabe qué hace el depositario de tal“sentimiento” cuando desaparece de la vista. Tal vez cabría el nombre de maldición, castigo o pena eterna en los infiernos.
Dices que esto te tiene un poco rayando en la locura. No puedes controlarlo. A estas alturas de tu vida, no concibes un descontrol tan aberrante, un descontrol que te tiene, ante la evidencia flagrante, incapacitada de tomar decisiones drásticas. Te desconoces. Ya no puedes pensar con lucidez y pierdes el tiempo de una manera soberana. Te has alejado de tus amigos y de tus preocupaciones habituales. Hasta has tratado de hacerte un lavado de cerebro día a día, pero no te ha resultado, menos aun te ha resultado la acupuntura que elimina casi todas las obsesiones. Así, podrías estar enumerando todas las estrategias implementadas, pero no vale la pena, ninguna resulta. Tal vez la solución sea la más sencilla y esté al alcance de tu mano, pero todavía no sabes cuál es. Tal vez pudieras hacer un llamado público para pedir soluciones posibles de cómo olvidar, pero así y todo, te imaginas respuestas manidas o graciosas que no apunten al objetivo.
Alguien te dijo que a esa edad que tienes es fácil olvidar. Pensaste¡Horror de horrores¡ como si estuviéramos programados para pasar de un estado a otro con solo borrar archivos y apretar una tecla. Te niegas a pensar en esa automatización, aunque no debes restarle importancia. Todo se ha vuelto desechable y reemplazable. Si no estás aquí, me busco otro. Qué vida miserable. Yo no quieres esa vida y ese nivel de relación, pero todo empuja hacia allí y eso te hace pensar que al final nadie es feliz verdaderamente que casi todos tenemos unas miserables vidas afectivas con episodios donde el solaparece por breves instantes, nada más que breves instantes. Entonces recuerdas los versos adolescentes de Neruda: es tan corto el amor y es tan largo el olvido… y te quedas sintiendo que el presente, conjugación de todos los tiempos, es la enorme eternidad.